Vega Aguirre Diana Laura A01651574
Voces
de Miedo
Cuando oigo pasar a los caballos de noche, por la avenida,
recuerdo las historias que me contaba mi abuela de las almas perdidas que van
rondando por las calles, buscando a alguien que les quiera prestar su alma para
hacer de las suyas en la tierra de los mortales y poder remediar los males que
hicieron para que puedan tener un lugar en el cielo.
A lo lejos se escuchan unos chillidos más agudos que los de los
ratones siendo pisados y torturados, pero lo más curioso es que esos chillidos
no son de animales ni de personas.
Me asomo para buscar el origen de los lamentos y por más que
busco, no logro encontrar nada; mi piel se pone chinita, me dan escalofríos,
siento revuelto el estómago, se me nubla la vista y los vellos de los brazos se
me ponen de punta.
Cada noche pasa lo mismo: a las 12:00 AM empieza la tortura de mis
entrañas; me pregunto si la demás gente puede escuchar lo mismo que yo, sentir
lo que yo siento, pero me da pena y miedo preguntarles porque tocar el tema
provoca que mi lengua empiece a temblar y no me salgan las palabras.
No puedo explicar el miedo que me da al ver el sol meterse, lo
podría comparar como cuando un niño se porta mal delante de las amistades de
sus padres y ellos lo observan con esa mirada retadora que cada que la ves
sabes que te va a ir muy mal, que cuando llegues a la casa te van a regañar o
castigar.
Hay veces que las voces son tan agudas que lastiman mis tímpanos, como
si pusieran una bocina con un pitido muy agudo en tu oreja. A veces llego a
pensar que es mi imaginación.
Lo que más quisiera, es contárselo
a alguien, aunque lo más probable es que no me crean o me tomen de a loca y me
manden al psicólogo.
Mi madre ha sospechado que me pasa algo
extraño, siempre me pregunta el por qué de mi soledad y mi inquietud por las
noches, ¡Ni de loca le voy a contar lo que estoy viviendo! Ella es la persona
menos indicada para saber mi pequeño secreto aterrador.
La última vez que oí esos ruidos, se
escucharon más fuerte, mezclados con unos quejidos tan dolorosos que los llegué
a comparar con el parto de una mujer al tener a su primogénito: una voz gruesa
y desgarradora. Traté de cerrar los ojos y poder dejar de escucharlos, no
obstante todo se estaba tranquilizando, hasta que mi ventana se abrió y una
corriente de aire entró a mi recámara. Sentí el camino de la sangre fría
recorrer por todo mi cuerpo hasta llegar a mi corazón. Mi miedo fue tan grande
que no pude retener mi orina y oriné mis calzoncillos.
Aquella noche fue la peor de mi vida,
pero creo que ya me estoy acostumbrando, ya me siento parte de estos, cada
noche que transcurre me estoy convirtiendo en uno de ellos, mi corazón cada vez
se enfría más y mi vida empieza a no tener sentido.
Es un gran texto, a pesar que su redacción no me parece correcta ya que no tiene mucha fluidez y hay falta de puntuación para que tenga mas ritmo el texto.
ResponderBorrarUn texto entretenido, con falta de buena redacción y algunos errores ortográficos
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